Perspectiva

Desde muy cerca se puede ver a un hombre parado más o menos, sobre sus pies en la tierra. No es muy grande y no le gusta que le digan "pequeño". Siempre aspira llegar un poco más alto, aunque instintivamente conoce sus limitaciones. Generalmente le llega un momento en la vida en que piensa en trascender, en dejar algo, consciente de su corta vida y del rápido decurso del tiempo.


Si te alejás, ves que ese hombre está en compañía de otros. No está solo, aunque por momentos se siente que no tiene a nadie. Toda su vida consiste en definir quién es en relación con los demás. Construye una identidad con mayor o menor éxito y se alegra o se ufana de "ser alguien".
Algunos son concientes de que el otro está cerca. Puede vivir con el corazón hacia el otro o con el centro de atención fijo en el ombligo. Cada actitud resultará en una persona que deja huellas en quienes tienen contacto con él o en un mal recuerdo para quienes deban soportarlo.

Tomando un poco de distancia, digamos un vuelo de águila, apenas podemos detectar la existencia de este hombre. No podemos distinguirlo con claridad y a nuestros ojos se pierden sus rasgos distintivos, se vuelve insignificante. Es decir, desde este punto solo forma parte de una textura visual y ya no tiene importancia como individuo. No podemos ver su rostro, sus preocupaciones, ni escuchar sus clamores por amor, reconocimiento, dignidad o justicia. Porque así de pequeño es.

Podés volar más lejos, a la luna por ejemplo, y ya desde allí no nos percatamos de la presencia de este hombre o mujer, ni de nadie. Si no nos cuentan de la existencia de los hombres y las mujeres en ese planeta, podríamos pasar de largo de ellos como si nada. Su lenguaje, sus sentimientos, sus guerras, sus caprichos y suceptibilidades no tienen entidad alguna para el observador.

Es posible viajar mucho más lejos, aunque sea en nuestra imaginación.Un ojo puesto en el borde de nuestra galaxia, no podría ni distinguir el destello de nuestro sol, siquiera como un puntito brillante, desdeñable, comparado con los gigantes que pueblan el espacio. La inmensidad celeste nos hace estremecer en nuestro interior por su grandeza. Desde aquí, del hombre, ni noticia.


Las galaxias hermosas enjambradas se nos muestran como nubes cuyas formas nos fascinan... Pero, ni rastro de los hombres y las mujeres sobre sus pies. Nuestra existencia no tiene ningún interés o consecuencia para el universo vasto y maravilloso. Nuestra ausencia no produce ninguna inquietud.

Pero, allí, sosteniendo el universo entre las palmas de las manos, nuestro Dios nos observa, nos anhela, nos extraña. Se acongoja por la soledad, la tristeza, la desorientación de muchos. Se enoja por la avaricia, la altanería y la injusticia de otros. Se llena de ira por la corrupción, el desprecio y la desvergüenza de los que se creen grandes.




Y decidió tomar cartas en el asunto. Él acortó la distancia sideral que había con nosotros y se hizo uno de los hombres, con los pies en la tierra, sin altanería, con un corazón humilde enseñando que el más grande es el que lava los pies de su prójimo. Para que ese hombre y esa mujer sepan que no están solos y que el creador de todas las cosas es capaz de todo lo posible por acercarse y amarlos. Aunque le cueste la vida.

Darío

Día del niño

La niñez se festeja en este mes de agosto. Creo que todos tenemos el recuerdo del anhelo de este día en el que recibiríamos nuestros regalitos por ser nuestro día, o porque "siempre llevaremos un niño dentro". Luego nos encontraremos con otros chicos para contarnos (¿tal vez, para competir?) lo que nos regalaron.

Esta idea de celebrar un día del niño comenzó hace más de 50 años. El 20 de noviembre de 1952, la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió con la idea de reafirmar los derechos universales del niño, y para que se celebrara en cada país del mundo, que se consagraría a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero y se destinaría a actividades que desarrollaran el bienestar de los niños del mundo. ¡Qué lindo suena! No vemos que haya habido muchos progresos en este tema.


Lugares comunes

Me gustaría caer en el lugar común de que todos los días son el día del niño. Pero no puedo. Todas las semanas me toca ver a niños que se las rebuscan para tener lo que necesitan para subsistir. Niños con sus hermanitos colgados del cuello que buscan dónde hallar una moneda o que llegan de la manito a algún comedor que les brinde una merienda.

Me gustaría caer en el lugar común de que este día es una celebración al consumismo. Pero no puedo. Me sigue dando cosa (bronca) la parafernalia publicitaria llamando a los deseos de quienes pueden consumir, y dejando a los demás con la "ñata contra el vidrio", consolándose con regalos simbólicos. Los niños no son tontos. Saben perfectamente que la alegría que ven en la pantalla del televisor no se reemplaza con la buena intención de padres que no llegan a fin de mes. Se desgarran los corazones con los bienes multicolores que se ofrecen y, a la vez, se les niega.

Me gustaría caer en el lugar común de que los niños, primero. Pero no puedo. No entiendo que los sectores de poder discutan entre sí por políticas monetarias o aduaneras, afectando los precios de los alimentos que necesitan los niños y los grandes. Un cuarto de los niños argentinos están por debajo de la línea de la porbreza, y lo seguirán estando mientras que los que fijan los precios y los salarios lo hacen según sus intereses mezquinos.

Me gustaría caer en el lugar común de que la culpa es sólo de los sectores de poder. Pero no puedo. Nos preguntamos cómo es que los niños llegan a los niveles consumismo en que piden, piden, piden y nada les conforma. Cómo protagonizan hechos de violencia como los que se pueden ver en las escuelas (y a veces en la televisión). No nacen de la nada. Fijate este video.

video

Esperanzas

Este panorama es bastante negativo y lejano al espíritu de esta celebración, es verdad. ¿Hay esperanza para los niños? La respuesta es sí. Sí, si hacemos nosotros lo necesario.

No es de esperar que una persona enferma de violencia (como algunos casos que vimos en la propaganda) cambie por la presencia de un chico, pero es posible que tomemos conciencia de los valores que transmitimos con nuestras acciones, que la falta de solidaridad sea cambiada por actos que enseñen por el ejemplo. Es cierto que los adultos estamos metidos en el sistema y no lo cuestionamos. Es hora de que sí lo cuestionemos y pongamos en nuestra agenda de conversación cotidiana en los lugares en los que nos encontremos (trabajos, escuelas, iglesias, clubes, etc.), aunque en principio algunos se opongan porque son temas de "mala onda". No nos sumemos al consumismo en el que nuestro sistema capitalista nos ha hecho nacer y abramos nuestros ojos a otras realidades que están a una mirada de distancia, no más. Podemos aprovechar esta fecha para regalar algo más duradero que el último chiche electrónico o la zanahoria que tienen siempre delante de su vista en las pantallas publicitarias.

Se puede sembrar la alternativa de una vida más solidaria, compartiendo tiempo, charlas, actividades con ellos. Si enseñamos cuando son tiernitos, los valores se injertan de manera de manera tal, que duran toda la vida.

Darío
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