El poder de los símbolos en la publicidad

Los colores de la bandera

Estamos muy cerca del festejo en Argentina del Día de la Bandera (20 de junio).
La historia de nuestra enseña patria es conocida por todos desde la escuela primaria, y no deja de conmovernos, más allá de la versión de por qué los colores celeste y blanco, por la necesidad de tener un pabellón que nos identificara.
Una bandera es un símbolo. No hay nada en ella que directamente nos haga ver alguna característica de nuestro suelo, nuestra historia, o nuestro pueblo. Como todo símbolo, es una señal que como sociedad, hemos acordado en reconocer. Desde pequeños somos enseñados a conocerla, respetarla y amarla; y se nos ha inculcado que es un objeto que tenemos en común todos los que compartimos el ser parte de nuestra nación.
Los símbolos tienen como peculiaridad el ser depositarios de conceptos, de valores, de historias... Y muchos de estos elementos son los que terminan conformando nuestra identidad de ciudadanos, un lazo que nos une más allá de diferencias o de distancias. Da lo mismo ser de la ciudad, del campo o la montaña; afecto a un partido político u otro; de este tiempo o del pasado. En el mismo momento en que se enarbola la bandera, una unión, casi espiritual, enciende sentimientos de unidad frente a los demás. Esto es así aunque los elementos de esa unidad sean míticos, o bien, objetivamente falsos. Pero, en fin, así son los símbolos.

Los símbolos como objeto de mercado
El ámbito publicitario maneja muy bien el capital encerrado en un símbolo y sabe cómo aprovechar las energías que despierta para atraer a los públicos consumidores hacia los productos que publicitan.
Las empresas multinacionales, que nada saben ni quieren con divisiones de orden territorial, utilizan el poder de los símbolos para propio beneficio. Si es necesario se mimetizan con el espacio que quieren conquistar creando alianas imaginarias con sus potenciales compradores. Se crea en el público cierta ilusión de empatía con la marca, producto, servicio, logrando así su posicionamiento en la mente de los espectadores.
Tenemos un ejemplo de cómo una empresa (Coca Cola, aquí) no tiene ningún escrúpulo de utilizar la misma pieza publicitaria para crear identificación con consumidores de diferentes nacionalidades.

Aquí la versión argentina del spot publicitario.


Luego revisa la versión de Uruguay


Por último, puedes ver la producción para Chile.

Hay otras, por ejemplo, para Paraguay, etc.

Nos queda la fácil reflexión de que el valor de los símbolos que identifican una nación no son para el provecho de empresas que sólo buscan el lucro personal. Que la visión crítica de la publicidad nos hará ciudadanos responsables y de que no es bueno pasar por alto el hecho de que la soberanía nacional se defiende sabiendo quiénes somos y quiénes son las empresas que actúan en nuestras tierras.
El valor y el poder de los símbolos es muy importantes como para dejar que se utilicen impunemente de manera manipulatoria. Un pueblo que pierde sus símbolos, pierde su historia, y un pueblo sin historia es un pueblo sin futuro.

2 comentarios:

Ceci Colinas dijo...

la misma publicidad la hiceron para Paraguay tambiém y Claro hizo lo mismo...

Manuel Sánchez Acero dijo...

¡Qué fuerte! La magia de la publicidad... Lo mejor es que al final ganó España, jajaja :P

Saludos universitarios!!

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